
EL MATRIMONIO COMO FUENTE
RENOVADORA Y DE CRECIMIENTO (1).
Sal 127:1 Si Jehová no edificare la casa,
En vano trabajan los que la edifican;
Si Jehová no guardare la ciudad,
En vano vela la guardia.
Saludos a todos los hermanos en la fe de nuestro Señor Jesucristo.
Han pasado varios meses durante los cuales no escribí ningún artículo.
Antepuse cosas personales al deber de ofrecerles algunas pinceladas de nuestro mundo espiritual y como resultado mi necesidad quedo anterior a la necesidad de servirle a Dios. Ciertamente, dedique el tiempo a otras cosas en lugar de escribir, fui motivado varias veces por mi esposa, quien reiteradamente me destacaba que Dios estaba primero, sin embargo, a pesar de saberlo y de comprender su preocupación, el tiempo fue pasando hasta hoy que decidí emprender nuevamente mi tarea de escribirles sobre el matrimonio y la importancia de su esencia cristiana como fuente renovadora y de crecimiento.
Lev 26:9 Porque yo me volveré a vosotros, y os haré crecer, y os multiplicaré, y afirmaré mi pacto con vosotros.
Lo sucedido, si es visto con ligereza, podríamos colocarlo entre aquellos manojos marchitos de los casados, porque discutimos varias veces sobre el tema; mi esposa se preocupaba porque entendía que desobedecía a Dios y finalmente me produjo una sensación muy fuerte de culpa, sin embargo mis razones no fueron suficientes para justificar el motivo por el cual no escribí a pesar de la necesidad que sentía de hacerlo. Era una razón elemental. No tenía inspiración.
2Pe 1:21 porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.
Hemos escuchado mucho sobre las musas, según la mitología griega eran 9 hijas de Zeus que presidian las Artes y las Ciencias e inspiraban a los artistas especialmente a poetas, filósofos y músicos, pero ciertamente no esperaba por este tipo de inspiración que encumbra al hombre y lo aprisiona en su humanismo, sino por el efecto de sentir un estimulo más profundo, que me hace producir de manera espontanea, sin tener que hacer un enorme esfuerzo; es también una inspiración sí, pero limpia de aspiraciones personales, sustentada y propiciada por nuestro Dios, sea a El toda la gloria.
Sal 115:1 No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros,
Sino a tu nombre da gloria,
Por tu misericordia, por tu verdad.
En todo este tiempo intente escribir varias veces. Con mucha dificultad comencé varios artículos pero nada conseguía y aunque alguno pudo ser concluido el propósito no se cumpliría porque no llevaría consigo un mensaje digno de nuestro Cristo. Nuestro mensaje debe ser claro, bien dirigido a expresar las ideas que queremos compartir y sobre todo centrado en lo más importante: que Dios es luz y en El no hay tinieblas (1 Juan 1:5), y que solo mirando a nuestro Cristo tendremos salvación y podremos encontrar una salida para todos nuestros problemas pero ese propósito jamás se lograra con un discurso engalanado y lleno de razonamientos terrenales.
Job 15:3 ¿Disputará con palabras inútiles, y con razones sin provecho?
Mi esfuerzo carente de inspiración, no resultaba en un mensaje claro. Se repetían las mismas ideas inconclusas hasta que finalmente decidí que debía esperar por el momento en que Dios me concediera nuevamente esa luz necesaria, puesto que todo debe ser en el tiempo de Dios que es el que importa y no en el nuestro, así descansamos de manera absoluta en El, sabiendo que nos cuida y que todo el control lo tiene en su poder, y todo será posible cuando el disponga.
Sal 31:15 En tu mano están mis tiempos.
Es el tiempo de Dios lo que cuenta y es en su tiempo que revelare las enseñanzas que aprovechamos de esta experiencia de la manera más resumida posible.
Las diferencias en el matrimonio se han llegado a considerar como parte de la relación de dos personas que se unen para obtener lo que se denomina hoy en día un proyecto de vida.
Con este término se enlaza el matrimonio y a este proyecto le son inherentes los conflictos por ser diferentes ambos conyugues, lo que entraña un problema insoluble que se arrastra toda la vida. El mundo de hoy propone infinidad de soluciones pero muy poco resuelven porque las rupturas continúan sin cesar.
Para nosotros la naturaleza corporal del matrimonio la encontramos sumergida en su dimensión espiritual, por lo que preferimos decir un proyecto divino más que de vida, porque es Dios su creador. Es un pacto solemne entre un hombre, una mujer y Dios, para el cual tiene establecido sus estatutos; donde se alimenta, se cultiva y se atesora el más fuerte legado espiritual dejado por Dios en Cristo: el amor, que es manifestado en la epístola a los Corintios (1Co:13:13) cuando leemos que permanecen la fe la esperanza y el amor, pero el mayor de los tres es el amor.
Estas diferencias matrimoniales no pueden ser vistas como obstáculos sino como oportunidades, puesto que en el amor de Cristo siempre saldremos ganadores y fortalecidos. Con ellas aprenderemos de nuestras propias limitaciones, afianzaremos nuestra fe y daremos gusto a nuestro Padre al ver como abiertos a su presencia le ganamos la batalla al proveedor de disputas, al príncipe de las tinieblas.
Todo lo que sucede en la vida de un cristiano es para bien y esta no podría ser la excepción, puesto que debemos asumir las diferencias en el matrimonio como una fuente más de crecimiento espiritual.
No se trata de decir cosas hirientes o reproches; o dejar que de nuestros labios salgan palabras no agradables a Dios; recordemos que escrito esta: Prov. 18:21, "La muerte y la vida están en poder de la lengua"; Pro 29:20 “¿Has visto hombre ligero en sus palabras? Más esperanza hay del necio que de él”. Por tanto, estas diferencias no pueden descansar en estas conductas.
Si los esposos se censuran, si se desacreditan, a condenación se llaman porque ella por él escogida fue y él por ella aceptada fue.
Efes. 4:32, "sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo"
Por lo tanto hermanos en esto pensemos cuando enfrentemos diferencias matrimoniales, sintiendo que ganancia segura será en el amor de Cristo, crecimiento y fortaleza, por muy difíciles que parezcan las circunstancias.
Dios nos acompaña siempre.
Miremos con toda la serenidad posible cualquier diferencia surgida en el matrimonio. Recordemos que patrimonio divino es, a tal punto que en Efesios 5 22-32 se compara con la relación de Cristo con la Iglesia.
Gracias a la presencia de Dios una de estas diferencias trajo consigo que escribiéramos este artículo. Plan suyo es que encontremos sus mensajes escritos incluso en nuestras propias vidas.
Dios los bendiga.
Amén.
R y M.
(Continuara...).
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