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MINISTERIO AMCI MATRIMONIOS
Miguel & Roxana
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Núm. 14:19 Perdona ahora la iniquidad de este pueblo según la grandeza de tu misericordia, y como has perdonado a este pueblo desde Egipto hasta aquí.
Núm. 14:20 Entonces Jehová dijo: Yo lo he perdonado conforme a tu dicho. |
El Matrimonio como fuente
renovadora y de crecimiento (2).
En el artículo anterior les comentaba sobre la culpa que sentí ante la necesidad de escribir y no poder hacerlo. El reclamo de mi esposa y la preocupación que sentí al pensar que desobedecía a Dios en mi deber de servirle me provoco ese sentimiento.
Sobre ella les comentare en el día de hoy.
Existe un amplio margen de significados para la culpa. Podemos encontrarla ampliamente definida en el derecho civil y penal, en la Psicología y en la Teología; e igualmente, una manera muy variada de clasificarse y de explicar sus causas y consecuencias.
Nos referiremos a su concepto de una manera muy general y vinculada a nuestra vida en la fe, como la imputación a alguien de una determinada acción que es consecuencia de su conducta y a su vez provoca un sentimiento de responsabilidad por el daño causado. Desde el punto de vista teológico no es más que el pecado o transgresión voluntaria de la ley de Dios.
Sal 32:2 Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad,
y en cuyo espíritu no hay engaño.
Es conocido por todos que quien transgrede se aleja de la protección de Dios. Muchas veces cometemos estas transgresiones dentro del matrimonio y no las reconocemos, formando parte incluso de nuestro actuar y lesionándonos poco a poco sin que nos percatemos de su presencia.
Les ilustrare dos ejemplos:
Cuando enfrentamos las diferencias en el matrimonio y discutimos, se adoptan a veces posiciones no agradables a Dios; como traer sucesos pasados donde nos hemos equivocado para culpar a nuestra pareja, o la conocida posición de víctima a la que se recurre para ganar la razón.
Miremos entonces que todas estas conductas no son de Cristo, puesto que en ellas está implícita una clara intensión de evadir la realidad con simulaciones y con trampas, y traen a nuestras vidas la nocividad de la culpa.
Hablaremos entonces de la culpa en dos variantes. Una perjudicial e indeseada, no agradable a Dios y de otra mas bien necesaria y pertinente que nos acerca a Dios.
Isa 1:18 Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.
Tenemos entonces hermanos, a una culpa que podemos ver como don o gracia, que tiene como propósito llevarnos al perdón de Dios.
Arrepentidos y reconciliados con Dios, el alma consigue sosiego porque ha sido perdonada. La grandeza de nuestra culpa y la infinita misericordia de Dios es manifestada en el Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo ofrendado en sacrificio vivo por todos nosotros.
1Ti 2:5 Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre,
1Ti 2:6 el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.
Gracias a ese llamado dentro de nosotros, que nos contiende y nos censura por nuestras acciones y nuestros pensamientos, somos sanados y limpios en Cristo, para ser testimonio vivo de un nuevo ser.
Pero, detengámonos ahora en la otra culpa, la que induce un sentido de culpabilidad que martiriza el alma, que no conduce a la búsqueda de la reconciliación con Dios y que es por tanto opuesta a su misericordia pues no hallará reparo en su perdón.
Job 13:26 ¿Por qué escribes contra mí amarguras,
y me haces cargo de los pecados de mi juventud?
Job bien decía sobre su vieja vida ya borrada.
Observemos entonces que esta culpa, presentada como una emoción sustentada por el recuerdo de algún suceso o pensamiento fuera de la voluntad de Dios, resulta en daño para otros y para uno mismo.
Aparece de forma hiriente y no de forma reparadora y esperanzadora como lo hace el pensamiento cuando es guiado por el Espíritu Santo, que nos conduce a encontrar sus dones, a enfrentar los problemas y experimentar crecimiento conforme a Dios.
Isa 6:7 y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y quitará tu culpa, y tu pecado será limpiado
La culpa nociva nos enlaza a fenómenos pasados y consume gran parte de nuestra energía emocional, menoscaba la espiritualidad, trae remordimiento e inmoviliza la voluntad. Nos impide disfrutar del presente por estados que pueden transitar desde una incomodidad pasajera, hasta una profunda depresión.
Esta culpabilidad malsana produce rebeldía además de privarnos de sentir el efecto de gratitud del perdón de Dios y compromete nuestro crecimiento espiritual, pues nos ata al pasado, el cual fue muerto en Cristo nuestro Señor.
Efe 4:22 En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos,
4:23 y renovaos en el espíritu de vuestra mente,
4:24 y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.
Muchas veces escuchamos comentarios (dolorosamente entre cristianos), para referirse a hermanos enfermos o en espera de la solución de un problema, en un tono enjuiciado, diciendo que no llegan a resolver las cosas porque no oran con la energía suficiente y cuando se ora con toda el alma, Dios escucha y cumple; o explican que tal vez algo anda mal con ellos (desobediencia, pecado), y por eso Dios no les responde.
Para estas expresiones, debemos recordar que levantan una cortina de culpa sobre los hermanos que están en sufrimiento. Tengamos presente que nuestro Dios es un Dios misericordioso, piadoso y perdonador y que las bendiciones llegan en el tiempo de Dios y no en el nuestro porque Él y solo Él sabe que es lo mejor.
Mat 12:7 Y si supieseis qué significa: Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes.
Sal 135:14 Porque Jehová juzgará a su pueblo,
Y se compadecerá de sus siervos.
Solo nuestro Dios es el que juzga. A nosotros no nos concierne enjuiciar la causa de la dificultad que atraviese algún hermano en la fe porque es una puerta abierta para la culpa nociva y es además tarea exclusiva de Dios, sobre lo cual escrito esta:
Mat 7:1 No juzguéis, para que no seáis juzgados.
Rom 2:1 Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo.
Rom 2:2 Mas sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad.
1 Rey 8:32 tú oirás desde el cielo y actuarás, y juzgarás a tus siervos..
Recordemos finalmente hermanos a Job.
Job 1:1 Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal.
Siendo perfecto a los ojos de Dios fue sometido a una prueba por voluntad de Dios.
¿Acaso, si lo viesen esos que juzgan, sembrarían la semilla de la culpa nociva en Job de orar débilmente o de vivir en pecado como causa de su desventura?
Por tanto hermanos, alejemos de nuestra vida todo lo que pueda acarrear la culpabilidad malsana. Desterrémosla para siempre del matrimonio y del resto de las esferas de nuestra vida. Recordemos siempre que silencia al espíritu, permitiéndonos escuchar con facilidad los llamados del calumniador e impidiendo nuestro crecimiento al hacernos sentir no merecedores de la gracias de Dios.
Tengamos presente siempre que la culpa tenemos que aceptarla como una señal que nos indica lo que está mal. No se trata de ignorar lo indebido o no sentir nada ante el pecado cuya paga es la muerte, sino que con las fuerzas de Dios, por agradecimiento, obediencia y confianza en Él, encontremos la manera de remediar lo indebido.
Rom 6:23 Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
Hermanos, una vez mas, estas diferencias matrimoniales han servido para darnos luz en medio de los problemas que surgen en nuestro camino por las sendas de la fe. Recordemos que nada es despreciable si andamos con Cristo, ni siquiera cosas que no son agradables como estas diferencias. Tengamos presente que, con el amor de Nuestro Señor, podemos sacar provecho de ellas para un futuro digno de su obra, aprovechando el tiempo para enriquecer nuestra vida espiritual, sin dejar nada atrás sin ser visto con paciencia y amor, a la luz de nuestro Padre.
Efe 5:15 Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios,
5:16 aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.
5:17 Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.
Dios los bendiga. Amén. M y R.
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