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MINISTERIO - MATRIMONIOS
Miguel y Rosana Colaboradores AMCI Mundial | Cuba - Miami
MATRIMONIOS DESACUERDOS
DISPAREJOS, PELEAS E INCOMPRENSIONES EN EL MATRIMONIO.
….honroso sea en todos el matrimonio,
y el lecho sin mancilla… (Hb 13.4)
Hablar del matrimonio resulta siempre un tema muy difícil. Son tantas las situaciones que hoy en día amenazan la salud de los matrimonios que será siempre poco el tiempo que dediquemos para abordar los temas relacionados con él. Sin embargo, Dios permite que esto suceda con el propósito de enseñarnos a cultivar el amor y no nada mas a recogerlo. Franquear los obstáculos que nos plantea la vida matrimonial nos prepara, nos enseña a vencernos a nosotros mismos por ese prójimo más cercano que nos acompaña durante toda la vida que es nuestra pareja.
Hoy les hablare de un argumento que escucho con mucha frecuencia cuando se habla de matrimonios en crisis: se trata de la disparidad.
Después de incomprensiones, peleas y desacuerdos, se concluye la sentencia de que los conyugues son muy diferentes y por eso el matrimonio no funciona; “nadie tiene la culpa, es que no somos iguales”, dicen algunos, y entonces esas diferencias los separan y nada les sale bien y el matrimonio enfermo se consume a sí mismo y la brecha entre los dos se va convirtiendo en un abismo hasta que la solución se convierte en una quimera.
“… todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae”. (Lc. 11. 17).
Entonces evidentemente la disparidad traería como consecuencia el fin del matrimonio, pero veamos antes de analizar este fragmento bíblico la esencia de la disparidad.
Para decir que una cosa es diferente a otra debemos comparar y para hacerlo fijamos la atención en dos o más objetos y establecemos sus diferencias, entonces decimos que son dispares por las diferencias que poseen y no podemos olvidar que al mismo tiempo veremos que son semejantes en otras cosas también.
Entonces debemos comprender que a la luz de Dios existen diferencias o disparidades en todas las parejas y que además son necesarias, porque el amplio prisma de opciones de la personalidad es una fuente de diversidad y de riqueza infinita que Dios concede a todos los hombres; las preferencias nos hacen distintos y con ellas tendremos hermosos contrastes y libertades; de la misma manera que poseemos fortalezas que son debilidades en nuestra pareja y debilidades en nosotros que son fortalezas en el otro. Somos diferentes dentro de ese equilibrio perfecto que ofrece Dios y no antagónicos pues la hechura exclusiva de cada uno está concebida para enlazarnos en armonía y en amor.
Dios nos pide que lo primero tiene que ser Cristo, que antes de elegir a nuestra pareja ya hicimos una elección de victoria que fue colocarlo a Él como centro de nuestra vida. Tengamos en cuenta que si más adelante no hacemos una buena elección para casarnos porque no buscamos en ese ser los valores que Dios nos pide como la obediencia, el amor y la disposición de imitar a Cristo, entonces las diferencias necesarias pasaran de ser una atractiva divergencia a un antagonismo insoportable.
En los casos en que se tenía ya pareja antes de encontrar a Cristo lamentablemente se eligió sin tener en cuenta a Dios, pero igualmente hay solución para estos casos. Orar y ser un testimonio perfecto para nuestras parejas y confiar porque Dios obra, todo lo hace perfecto y nunca abandona a sus hijos.
De cualquier manera:
Nuestras diferencias cuando estamos en comunión con Dios constituyen fuentes de diversidad y no de enfrentamientos.
Todos los que abrazamos a Cristo somos idénticos en alma porque en ellas habita el espíritu de Dios que es lo que nos convierte en seres idénticos. Las diferencias nuestras no son mas que una fuente de colorido para esa semejanza perfecta que es Cristo en nosotros. Ninguna pareja cristiana tiene diferencias irreconciliables porque la semejanza de alma que llevamos todos en Cristo nuestro salvador es sobre todas las cosas.
Las diferencias que deterioran a las parejas, las debilitan y las sumergen en el quebranto no son precisamente desigualdades entre los conyugues sino entre ambos y su grado de comunión con Dios.
“Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Jn. 3.6), y los matrimonios nacen del espíritu porque es el amor el que los une y les da vida, ese sentimiento es el tesoro mas grande ofrecido por Dios en la persona de Cristo.
Tenemos entonces que con Cristo a la cabeza de nuestras vidas compartimos una semejanza profunda y sustentadora que se pierde en la eternidad y que supera toda comprensión humana; así que en esa similitud, las diferencias de gustos y preferencias le son a los amantes fuente de placer; porque se complace uno en la felicidad del otro y viceversa, y sucede que cuando algo no le agrada a uno pero si al otro, en el amor de dos eso que es desagradable resulta en un autentico deseo para dar felicidad a quien se ama y con el tiempo es tan agradable como si siempre hubiese sido.
“Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia” (Ef.5.29).
Entonces, ¿que podrían pesar las diferencias en las parejas si contamos con esta divina consonancia?
“Someteos unos a otros en el temor de Dios” (Ef 5.21).
Porque de esa obediencia dependerá la fortaleza de nuestra unión y la salud de nuestro amor. El príncipe de este mundo siempre acechará para confundir y dividir y Dios nos da en su palabra y en la presencia de Cristo todo lo necesario para vencer.
Idénticos somos en Espíritu que es lo primario y diferentes en lo material y en los gustos que es lo secundario y gracias a esa semejanza todas las diferencias se constituyen en adornos y fortalezas para nuestras vidas y para la gloria de Dios.
Dios los bendiga.
M y R.
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